Autorretrato

Nací el año del desastre de Chernóbil, del Mundial de Fútbol en México y del estreno de Blue Velvet. Tengo dos hermanos, ambos mayores que yo. Pese a nuestras máscaras adultas, nos queremos como antes. Mis abuelos ya fallecieron. Mis papás siguen vivos y no estoy lista para vivir en un mundo en el que no estén. Desde pequeña algunos de mis sueños transcurren en una ciudad que me inventé. Sus plazas, calles y límites poco han cambiado con las décadas. Mi primer refugio fue la ficción. Las películas y la literatura tienen mejores tramas que la realidad. Planté un árbol cuando era niña, alcanzó más de 6 metros de altura, pero hace unos años le cayó un rayo y se quemó. En la preprimaria me fracturé el brazo y no me di cuenta. Mi maestra gritó e improvisó un cabestrillo. A veces tengo la impresión de que camino las mismas líneas que mi abuela o que me envuelven las mismas tardes que a mi madre o que mis colecciones son las mismas que las de mi padre. No sé por qué me sorprende, todos estamos hechos de los demás. Antes odiaba el aguacate, ahora me gusta. Antes amaba el queso, hoy soy intolerante a la lactosa. Detestaba el color rosa, ahora lo uso porque me sienta bien. Soñaba con lanzarme de un paracaídas, hoy me da miedo la altura. Extraño la sensación de despertar sin saber qué día es. Me gustan más los perros que los gatos. Prefiero el café al té y el pan dulce al pastel. Me gusta trabajar en la cama, como Onetti. Me gusta la Navidad y el Día de Muertos. Disfruto más aprender que enseñar. No tengo película, libro o álbum musical favorito, es un despropósito forzarse a elegir. En las calles tranquilas, cierro los ojos unos segundos y sigo caminando. Es un riesgo placentero. Me da miedo ver mi reflejo en el espejo cuando las luces están apagadas. Le sonrío a la gente en la calle, es un gesto contra la penumbra. Soy individualista, pero creo en la comunidad. Tengo asuntos pendientes con varias personas. No los resolveré, ya no soy la misma que los dañó. Tengo pocos amigos, pero son los que necesito. Soy agnóstica pero cuando siento pánico viene a mi mente la oración que hacía de niña. Desde hace más de una década amo a la misma persona. Es la persona con la que habito y comento el mundo. Somos afortunados. Todavía no tengo canas, pero me han salido manchas y arrugas. Me fracturé tres dedos mientras jugaba con mi sobrino, me di cuenta tres meses después. Tengo los dientes incisivos inferiores chuecos, mi perrita Avellana también. Estoy haciendo cosas que debí haber hecho de niña o adolescente. No me da vergüenza. Me gustaría vivir en una ciudad de Bulgaria. Me conformo con vivir cerca de una calle que se llama Bulgaria. Todos los días tomo café en la misma taza. Todavía envío postales. Detesto los grupos de WhatsApp. Mido el tiempo en canciones. Tengo alta tolerancia al dolor, pero lloro fácilmente. Se me dificulta recordar el nombre de las personas. No me gustan las matemáticas. Me cuesta trabajo leer la hora y diferenciar la izquierda de la derecha (cuando no se trata de ideología). Echo de menos las monografías y el sarcasmo. Me gusta escribir, todas las personas deberían de escribir más. Bailo cuando estoy sola. Uso el mismo perfume desde la preparatoria. Prefiero el frío al calor. Me gusta el trabajo académico, pero no la academia. Publiqué un libro, llegó una pandemia. Investigo porque me gustan las novelas de crimen. Viajo por la alegría que me da volver. Recuerdo naderías y olvido lo importante. Durante dos años pensé que tenía 36 años. Este fin de semana cumplo 38.

3 opiniones en “Autorretrato”

  1. Pao mientras te leía, inevitablemente pensaba en algo de mi misma, y me di cuenta que por muchos años dejé de disfrutar de todo lo que me rodeaba, pero sobre todo de mi misma. Ahora trato de disfrutar de algo al día, y hoy disfruté mucho leerte. Te conocí hace 21 años y he sido testigo de tu transformación, al menos en una pequeña parte de quien eres y veo en ti, a una persona admirable, generosa y cariñosa.

    Me encantó tu autorretrato, la forma como lo expresas, la sencillez, claridad y sobre todo la forma en que abres tu corazón al escribir.

    Espero seguir teniendo el honor de leerte

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    1. ¡Querida Pau! ¿21 años? Uff, qué rápido se ha pasado el tiempo. Muchísimas gracias por tus palabras tan cariñosas. Siempre has sido muy linda conmigo. Y me alegra saber que te estás dando tiempo para ti, con tantas cosas que hacer diariamente y con mil y un responsabilidades nos perdemos muy fácilmente. Te mando un abrazo enorme.

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