El arte de renunciar

I

En una caminata me topé con un cartel que mostraba a una chica notablemente feliz. Su sonrisa satisfecha me obligó a leer la frase que estaba a un lado de su fotografía: “La zona de confort es un premio de consolación”. De inmediato me desagradó que el slogan tuviese la intención de hacer sentir a quien lo leyese que no hace lo suficiente. Me desconcierta que el imperativo del “más” invada todos los aspectos de nuestras vidas; sin importar si somos ambientalistas, religiosos, veganos o empresarios todos debemos querer “más”. La tecnología más novedosa, la comida más sana, el nivel más alto de conciencia, el puesto más alto, más ganancias.

¿Será acaso un rasgo de la raza humana esta permanente búsqueda de algo “más”? ¿Es la mezcla de curiosidad, ambición y falta de sentido existencial la que nos diferencia de las demás especies? Todo esto me hace pensar que de una forma muy esencial seguimos siendo como esos primeros seres humanos que, al tener resueltas sus necesidades básicas, dedicaron el resto de su tiempo a buscar piedras y materiales “más” brillantes, “más” grandes, “más” inusuales o “más” valiosos, tan sólo para hacer crecer su colección.

Hoy nuestras ambiciones pasan por estar más sanos, más felices, experimentar más, sentir más intensamente, dormir más, hacer más, ser más creativos, respirar más profundamente, más exclusividad, más amor, más información, más juventud, más opciones para llevarlo todo al máximo y explotar nuestro potencial. Y, obviamente, rara vez alcanzamos ese “más” y nos (des)vivimos en estado de frustración e insatisfacción.

¿Pero cuándo es suficiente? ¿Sabemos reconocer la saciedad o hemos perdido esa capacidad? ¿Cuándo podemos sentirnos tranquilos con dejar de perseguir sueños? ¿Cuándo es válido soltar el peso de nuestras metas? ¿Cuándo vivir con lo que hay? ¿Debemos aspirar a más? ¿Nos estamos engañando a nosotros mismos y debemos reinventarnos? ¿Está mal pensar que somos lo SUFICIENTEMENTE felices?

Tengo la impresión de que nos enseñan a perseguir la felicidad, pero pocas veces aprendemos a reconocerla. Y es por esta intuición por la que necesito buscar una respuesta a estas interrogantes, hacer las paces con mi biografía, aferrarme de cualquier momento de alegría y renunciar a sueños, aspiraciones y versiones mejoradas de mí misma que me causan más desconsuelos que alegrías.

Así que renuncio a buscar un mejor lugar para vivir, un mejor trabajo, un mejor cuerpo o una mejor versión de mí misma. También renuncio a reparar lo irreparable, a pensar en lo que no hice, a castigarme por lo que no acabé o lamentarme por no ser más ambiciosa. Me basta lo que soy/tengo y mi meta más alta es ser lo menos cretina que pueda; joder lo menos posible a los demás.

Renunciar sabiendo que podría tener y ser más, ¿me hace mediocre, débil o conformista? Supongo que mi actitud sería un problema si quisiese otras cosas pero no las buscase por miedo. Al final, depende de cada uno. Renunciar no tiene que ser una elección atractiva o deseable para nadie más. Y la ambición no es mala, así como tampoco lo es no tenerla. Igual de admirable es la persona que no se cansa de correr hacia “su cima” como aquella que toma la decisión de no llegar.

Evidentemente, el hecho de que renuncie a ceñirme al mandato del “más” no significa que no tenga proyectos o que no me esfuerce día a día o que no trabaje con empeño. Renunciar a “más”, para mí se traduce en tener sueños pequeños (casi insignificantes), cuyo cumplimiento no me define como persona ni está atado a mi felicidad. Renuncio al impulso de seguir “adelante” sólo por seguir un mandato no deseado.

II

“El confort es el premio de consolación”. Pese a mis esfuerzos, la frase me persigue por varios días y me hace dudar de mi armoniosa relación con la comodidad y la medianía. Percibo mi cambio de ánimo, recuerdo la adrenalina de la lucha por destacar, por ser valorada por los demás. Me invaden las dudas: ¿estaré estancada en mi zona de confort y ni me doy cuenta? ¿Me hace falta arriesgar? ¿Renunciar a tener/ser más es una forma de huida? ¿Soltar ilusiones es sinónimo de darse por vencido?

El vértigo que me provocan las dudas no dura mucho y se disipa por completo cuando me pregunto: ¿acaso el confort no es algo bueno? Salvo excepciones, nadie disfruta estar sentado en una silla incómoda; ¿acaso no aplica lo mismo para la vida? ¿Cuándo ganó tan mala fama la comodidad? ¿No es positivo estar cómodos con lo que somos y hacemos?

Nadie como Albert Camus ha analizado con tanta belleza y sagacidad el mito de Sísifo, un relato que habla de la esencia humana y la búsqueda de sentido. La historia es harto conocida: Sísifo hace enojar a los dioses, éstos lo castigan y lo obligan a empujar una piedra hacia la cima de una montaña. Antes de llegar a la cima, la piedra siempre rueda cuesta abajo forzando a Sísifo a empezar de nuevo. Día tras día, Sísifo se consume en este trabajo absurdo y frustrante. ¿Y qué significa esta historia? Hay múltiples interpretaciones, pero yo me quedo con la de quien ve en el mito de Sísifo la búsqueda del sentido de la vida y la frustración que implica no aprender a convivir con lo absurdo de la existencia.

En estos términos, mi renuncia no la pienso como si la solución al martirio de Sísifo fuese que éste pateara la piedra hasta desahogar su frustración o que eligiese recostarse para siempre sobre ella. Mi renuncia va más por el lado de elegir una piedra más ligera que cargar a la cima. En subir cada día sin grandes expectativas, buscando cierta alegría en la monotonía, el tedio y el absurdo. Mi renuncia no la vivo como una derrota, sino como la aceptación de lo que hay y el descubrimiento de que es suficiente.

* Cada que me asalta la preocupación por mi falta de “ambición” pongo algunas canciones que me reconfortan y que acá comparto. En especial, me gusta Watching the Wheels de Lennon, porque refleja que sin importar quiénes seamos o qué hayamos hecho, siempre habrá alguien que nos diga que deberíamos aspirar a más; ya está en nosotros prestarle atención o no.

10 opiniones en “El arte de renunciar”

  1. Tu renuncia más parece una conquista extraordinaria. Me encanta tu análisis de esa «búsqueda de algo más», es de los textos más lúcidos que he leído sobre ello. Sobre la zona de confort escribí en su momento una entrada en mi blog cuyo título te puede dar una clara idea de lo que pienso: «Vuelve a tu zona de confort». Me quedo con lo que dices de cargar una piedra más ligera para subir la montaña. Saludos 🙂

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  2. Hola Paola. Leí con mucho interés su texto. Me gustó porque me identifiqué con algunas de sus ideas de lo difícil y, la mayoría de las veces, lo frustrante e insatisfactoria que es la vida cuando se trata de escalar la cima en busca de esa “felicidad”. El texto es, para mí, y espero no exagerar, una especie de terapia emocional al saber que no soy el único que padece de esas dificultades que genera una sociedad hipermoderna-capitalista como la nuestra. Gracias por compartir un pedazo de su trayectoria de vida, misma que ayuda a la reflexión de uno mismo y a la contribución sobre la temática. Saludos.
    P.D. Ojalá me dé el permiso de compartir su texto en las redes sociales.

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    1. Hola Fernando. Te comprendo totalmente, es un respiro encontrar personas con las que compartimos impresiones de la vida, nos hace sentir menos «inadecuados». Así me ha hecho sentir tu mensaje, muchas gracias. Y claro, te agradecería que compartieras el texto. Muchos saludos.

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