Las pinturas que más me gustan son las que no terminó. Son ensayos sin enmarcar. Manchas de óleo como posibilidades que se extienden del pasado al presente.
En las tardes me sentaba a verla. Guardaba silencio y seguía sus movimientos con el asombro de quien ve un acto de magia. Ella se iba a un lugar al que nadie podía seguirla. Allí ensayó personas, ensayó bosques, ensayó estrellas.
Tomo uno de sus lienzos. Admiro las manchas que dejaron las yemas de sus dedos. Lo giro y algo cae al suelo. Recojo un imperdible oxidado, lo cierro y lo guardo en el bolsillo.
De mi abuela aprendí a ensayar.
